Paul Krugman (Premio Nobel de Economía 2008), publica por primera vez en 1994, su polémico libro Vendiendo Prosperidad. Esta obra reeditada en el 2013, vuelve a cobrar relevancia por su crítica a las políticas económicas de los gobiernos conservadores.

Los cuales no ayudan a salir de la actual crisis que vive el mundo occidental, por un lado, y por otro, reivindica la figura de J. Keynes, cuyas ideas siguen aún prevaleciendo.

Gran parte de la historia del pensamiento económico está ligada a Europa, sin embargo, sería ingenuo desconocer el papel del liderazgo intelectual que desempeñan, al menos en las últimas décadas, economistas norteamericanos, nacidos o nacionalizados en Estados Unidos. Krugman, en su libro antes citado, coloca al MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y a la Universidad de Harvard en una línea tibiamente intervencionista, dejando a las universidades de Chicago (la sede de Milton Friedman), Rochester y Minnesota como defensores del mercado libre y opuestos a toda intervención del Estado. Por supuesto, dado el gran poder expansivo de las grandes universidades norteamericanas, en el Perú, como en otros países latinoamericanos, también hay seguidores de esta corriente. Estos niegan cualquier tipo de intervención del Estado para reconducir la marcha espontánea del mercado, rechazando incluso la política monetaria ejercida por los bancos centrales para tratar de estimular o frenar artificialmente los ciclos económicos.

Desde que en 1969 la Academia de Ciencias Sueca concede el premio Nobel de Economía, sólo la Universidad de Chicago, ha obtenido 12 premios Nobel de Economía, incluidos los Nobels Eugene Fama y Lars Hansen del 2013, convirtiéndose así, en el mayor centro de influencia en las ideas económicas de los últimos 30 años. Si bien la Universidad de Harvard tiene 13 Nobel de Economía hasta el año pasado, sin embargo, la onda expansiva de sus ideas no ha tenido mayor efecto, en la economía mundial. Para los keynesianos de los años setenta estaba plenamente justificado que el Estado interviniese para evitar, en lo posible, una economía de ciclos continuos, aparte de su misión de redistribución de renta y riqueza en busca de una sociedad más justa, solidaria y, por tanto, social y políticamente más estable. Pero el ataque del monetarismo de Chicago es radical: no se trata de reivindicar un mayor papel para la política monetaria, es decir, para los bancos centrales de los diferentes países y su control de la cantidad de dinero o los tipos de interés, al final se llega a recomendar al Estado que se esté quieto incluso en su papel de gestor último de la cantidad de dinero. En esa inevitable ley del péndulo que parece regir las ideologías, da la impresión de que Estados Unidos y otros países del mundo están volviendo a reconocer el papel fundamental del Estado. No del Estado burocrático y centralizador. Pero sí del Estado promotor, eficiente y transparente, capaz de colaborar con empresas y ciudadanos en establecer un proyecto de desarrollo común. Finalmente, George Soros (1999), en su obra “La crisis del capitalismo global: la sociedad abierta en peligro”, apuntaba“el capitalismo puede morir asfixiado por el Estado, pero también por falta de Estado.”


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar